2018

La identidad de los rostros queda total o parcialmente sumergida en la profunda oscuridad. A través de estos vaciados de luz, la oscuridad circula dentro y fuera de la persona al mismo tiempo y crea una no identidad que unifica a los individuos y a la sociedad en su conjunto,  e invita al espectador a crear una imagen mental en la que reconstruye a las personas.

Toma también la idea en la que Jorge Oteiza reflexiona sobre el vacío a lo largo de su obra:

“Yo busco lo que me falta: una solución espiritual, en términos rigurosamente visuales, a esta enfermedad general de la angustia,  que procede de nuestra inseguridad en la vida, y la carga de impresiones que desde el espacio que nos envuelve perturban desordenadamente nuestra sensibilidad sin preparación ni defensa suficientes”